Permite pagar online sin exponer datos bancarios ni de tarjeta, pero el fraude no desaparece: cambia de forma.
El punto débil no suele ser la plataforma, sino el usuario: phishing, suplantaciones y “pagos” exigidos con códigos.
PaysafeCard se ha consolidado como una alternativa de pago prepago para compras digitales, especialmente en servicios online, entretenimiento y comercios que priorizan la rapidez en el checkout. Su promesa es sencilla: pagar sin compartir información financiera sensible. Y, en términos de reducción de superficie de exposición, eso funciona. Sin embargo, el ecosistema de estafas también se ha adaptado: donde antes se robaban credenciales bancarias, ahora se intenta capturar el valor directamente, en forma de códigos.
Qué es PaysafeCard y cómo funciona
PaysafeCard es un método de prepago que se utiliza mediante un código (PIN) asociado a un saldo. El usuario adquiere ese código por un importe determinado y, al pagar en un comercio compatible, introduce el PIN para que el importe se descuente del saldo disponible. En la práctica, opera como “dinero en efectivo” aplicado a internet: no requiere facilitar los datos de una tarjeta en el momento del pago.
Además del uso del PIN, la propia compañía ofrece opciones ligadas a cuenta (según país y condiciones), orientadas a centralizar el saldo y facilitar pagos con credenciales.
Ventaja clave: menos exposición de datos financieros
Desde el punto de vista de ciberseguridad, el beneficio más evidente es la minimización de datos. Si el pago se realiza sin introducir tarjeta o cuenta bancaria en el comercio, se reduce el impacto potencial de un robo de información en ese comercio (por ejemplo, brechas de bases de datos o filtraciones de pasarelas de pago). La propia documentación de PaysafeCard enfatiza precisamente ese enfoque: pagar sin proporcionar datos personales o bancarios, manteniendo el proceso simple y directo.
Este matiz es importante: no es que desaparezca el riesgo, sino que se desplaza. Cuando el fraude no puede capturar una tarjeta, intentará capturar el saldo.
El riesgo real: ingeniería social y captura del código
Los incidentes vinculados a PaysafeCard suelen tener un patrón repetido: el atacante no “hackea” el sistema, sino que convence a la víctima para que entregue el PIN o lo introduzca en un entorno falso. Las campañas más comunes son:
Los correos o mensajes que exigen un pago “urgente” con PaysafeCard. Se presentan como una multa, una deuda, un envío retenido, un problema con una cuenta o incluso un falso aviso de soporte técnico. En la sección de prevención del fraude, PaysafeCard advierte explícitamente sobre comunicaciones que exigen pago con sus códigos y sobre estafas asociadas a malware y troyanos.
La suplantación de páginas de pago. Un clon visual de un comercio legítimo o un formulario que “parece” un checkout, pero cuyo objetivo es capturar el PIN. En este escenario, el daño es inmediato: una vez entregado el código, el valor se transfiere y el margen de recuperación suele ser limitado.
El falso “soporte” por chat o teléfono. El atacante se hace pasar por empleado de una plataforma, solicita el PIN “para verificar” o “para desbloquear” y presiona a la víctima con urgencia.
Buenas prácticas para usar PaysafeCard con seguridad
La seguridad operativa aquí es simple, pero estricta: el PIN se trata como efectivo. Si se entrega, se pierde. Por eso, las recomendaciones más eficaces no son técnicas avanzadas, sino disciplina.
Primero, verificar el contexto del pago. PaysafeCard es un medio de pago, no un método habitual para liquidar multas, deudas “oficiales” o incidencias de soporte. Si un tercero exige un pago con códigos, es una señal de alarma.
Segundo, validar dónde se introduce el PIN. El sitio CyberSecurity News suele cubrir cómo el fraude se apoya en suplantaciones y enlaces maliciosos; en PaysafeCard, ese vector se traduce en un único punto crítico: el lugar donde se introduce el código. Si no es un comercio conocido y comprobado, el riesgo crece de forma exponencial.
Tercero, mantener higiene digital básica: dispositivo actualizado, navegador y extensiones bajo control, y atención a campañas de phishing. PaysafeCard publica consejos de seguridad orientados a evitar “sorpresas desagradables”, insistiendo en la cautela con los códigos.
Tasas, límites y un detalle que muchos olvidan
Más allá del fraude, hay un aspecto práctico que conviene recordar: las condiciones económicas del producto. PaysafeCard publica un resumen de tasas y límites, incluyendo una comisión de servicio que puede aplicarse al saldo residual a partir de un plazo determinado. En otras palabras: no solo importa proteger el PIN; también conviene gestionar el saldo y revisar condiciones para evitar consumos por inactividad.
Situación actual y perspectivas
PaysafeCard sigue siendo una herramienta útil para reducir exposición de datos financieros en compras online, especialmente en entornos donde se busca control del gasto o menor dependencia de tarjetas. Pero su seguridad depende, en gran medida, de un principio clásico: si el atacante no puede robar tu tarjeta, intentará que le entregues el “efectivo”. En 2026, el reto no está tanto en la criptografía del pago, sino en la psicología del engaño. La regla operativa es clara: el PIN no se comparte, no se dicta, no se reenvía y solo se introduce cuando el comercio es legítimo y verificado.