La reciente publicación de una nueva patente de Meta para sus gafas inteligentes vuelve a poner sobre la mesa el debate sobre las implicaciones de estos dispositivos para la privacidad y la ciberseguridad. A medida que las gafas inteligentes incorporan capacidades más avanzadas, la información que potencialmente pueden recopilar y procesar deja de limitarse a imágenes o vídeos del entorno y puede incluir datos biométricos, rostros, ubicaciones, reacciones e incluso conexiones sociales.
Esta evolución plantea además un desafío que afecta no solo al usuario del dispositivo, sino también a las personas que se encuentran a su alrededor, que podrían no ser conscientes de que determinados datos sobre ellas están siendo recopilados o analizados.
En este contexto, Oded Vanunu, Head of Product Vulnerability Research de Check Point® Software Technologies Ltd., empresa global en soluciones de ciberseguridad, advierte de que la nueva patente de Meta podría cambiar significativamente el perfil de riesgo asociado a las gafas inteligentes:
“Ya no estamos hablando simplemente de una cámara que graba lo que ocurre a su alrededor, sino de un sistema que podría generar datos biométricos, identificar rostros, analizar reacciones y mapear conexiones sociales. Esto significa que la información recopilada podría afectar no solo a la persona que lleva las gafas, sino también a quienes se encuentran a su alrededor y que no necesariamente son conscientes de que se están recopilando o analizando datos sobre ellos.
Desde el punto de vista de la ciberseguridad, una de las principales cuestiones es dónde se almacenan y procesan estos datos. Si este tipo de información se sincroniza con la nube, las consideraciones de seguridad van más allá del propio dispositivo y se extienden a la cuenta y a los servicios asociados. En estos casos, el phishing, el robo de credenciales o el secuestro de cuentas podrían exponer información sensible sobre reuniones, relaciones sociales y patrones de uso.
También surgen cuestiones más amplias sobre cómo se utilizan los datos a lo largo del tiempo: si se conservan únicamente para la funcionalidad específica para la que fueron recopilados, si se utilizan para mejorar o entrenar modelos, si se combinan con otras fuentes de datos y durante cuánto tiempo se almacenan. A medida que se acumulan más tipos de información —incluidos rostros, ubicación, relaciones y reacciones—, aumenta la sensibilidad de los datos resultantes.
En última instancia, las gafas son solo el punto de recogida de la información. Desde una perspectiva de seguridad, es igualmente importante comprender qué ocurre después con esos datos y qué medidas de protección existen en torno a la cuenta y a los servicios encargados de gestionarlos”.