Digitalización del sector sanitario: las medidas gubernamentales y de los players del sector no están a la altura de los desafíos de ciberseguridad actuales

Por Jean-Noël de Galzain, CEO y fundador de WALLIX

La digitalización del sector sanitario está viviendo un impulso sin precedentes dadas las necesidades y exigencias marcadas por una pandemia que no termina. La telemedicina ha permitido simplificar la identificación de los pacientes, optimizar su atención y su seguimiento, y descongestionar a los centros médicos, entre otros beneficios, y los expertos han podido armonizar y automatizar procesos gracias a soluciones avanzadas para la asistencia y diagnóstico, así como para la comunicación médico-paciente. A pesar de este importante impulso, sigue siendo necesario invertir en el desarrollo de un sector que necesita mejorar sus gestiones tanto en términos de eficacia, eficiencia y calidad. Y sobre todo invertir en dar solución al gran reto de la digitalización:la protección de datos del paciente digital además de en la gestión y el trato de esa enorme cantidad de datos.

Recetas, informes médicos, resultados de pruebas, mensajes… es mucha la información que debe ser almacenada, clasificada y a la que se debe acceder con total confianza y seguridad. Y son muchos los dispositivos y sistemas que dan acceso a esta información. Todos los datos confidenciales del paciente son relevantes y es importante que se localicen con el fin de ser utilizados con precisión. Y es justamente por su importancia y sensibilidad, por lo que se han convertido en uno de los objetivos más codiciados por parte de los ciberdelincuentes.

El sanitario se convirtió en el sector más atacado por los ciberdelincuentes de 2021, según datos ofrecidos por TALOS, la división de ciberinteligencia de CISCO. Y esto ocurre porque todavía hoy muchos hospitales y players del sector poseen softwares obsoletos que no son compatibles, el personal no tiene competencias para protegerse y, además, la superficie de ataque ha aumentado de forma considerable. Con el aumento de los ciberataques, la protección de datos de salud plantea preguntas sobre almacenamiento, cifrado, identificación, autenticación, trazabilidad, acceso, confidencialidad e intercambio de la información de que se trate. Y es que la reventa de datos es muy valiosa. Por ejemplo, un historial médico puede alcanzar un precio similar al de los datos de una tarjeta de crédito robada en la Dark Web y en mercados negros.

Sin duda, aquellas organizaciones sanitarias que realizan grandes inversiones en ciberseguridad tienen mucho que ganar. Según un estudio llevado a cabo por el Ponemon Institute, una violación de datos sanitarios cuesta de media 380 dólares por historial. Esta cifra es 2,5 veces superior a la media global de todos los sectores. Sin embargo, la naturaleza misma de la sanidad hace que los efectos de un hackeo puedan ir más allá de la pérdida financiera y la violación de la privacidad. En el sector sanitario, la pérdida de datos puede llevar directamente a una situación de vida o muerte. Si las recetas médicas o el acceso a un equipo vital se ven comprometidos, los pacientes pueden sufrir graves consecuencias. Otro estudio realizado por la University of Central Florida (UCF) ha demostrado que las violaciones de datos aumentan la tasa de mortalidad en los hospitales a 30 días.

Hay que sumar que son muchas las regulaciones de seguridad nacionales y comunitarias, como por ejemplo HIPAA, HITECH y GDPR, que los diferentes player han de cumplir si no quieren hacer frente a múltiples y cuantiosas sanciones.

Pero la pregunta real es, ¿estamos preparados? ¿Lo están los players y los pacientes? Y lo que es aún más importante, ¿son suficientes las medidas gubernamentales? Bajo mi punto de vista, no.

Controlar los accesos privilegiados a nuestro sistema sanitario es un componente clave para alcanzar esta seguridad, cumplir con las regulaciones y prevenir violaciones de datos masivas, pues a pesar de que el presupuesto en ciberseguridad aumenta, el 80% de las amenazas entran por este tipo de cuentas.

Sin embargo, el monitoreo y auditoría de estos sistemas de acceso puede ser todo un desafío debido a la rotación del personal y a las grandes cantidades de sistemas y datos privilegiados que existen. El número de usuarios dentro de una organización sanitaria, su variada naturaleza, y la alta cantidad de dispositivos médicos dificultan su gestión. Cuanto más grande y complejo se vuelve un sistema, más usuarios privilegiados se necesitan. Su falta de control aumenta los movimientos que los hackers pueden llevar a cabo tras acceder a una red, ampliando su capacidad de moverse lateralmente y acceder a sistemas sensibles. Al contrario, implementar los pasos correctos en la seguridad de los accesos privilegiados, mitiga considerablemente la capacidad de un hacker para escalar privilegios y acceder a información tan confidencial como pueden ser los registros de pacientes.

Además de lo que cada organización pueda hacer, y está ya haciendo, es necesaria la respuesta del gobierno en términos de presupuestos de seguridad. El gobierno debe proporcionar una respuesta y fuertes garantías a los ciudadanos sobre la protección de sus datos personales, y de manera transparente.  Es hora de tomar medidas concretas y ambiciosas para cerrar las brechas de seguridad existentes en la protección de nuestros datos de salud, pero también para anticiparnos a futuras crisis y así proteger mejor a los ciudadanos.

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