En los últimos tiempos hemos visto cómo la inteligencia artificial se convertía en la gran aliada de las empresas. Sin embargo, esta evolución en las herramientas también ha permitido a otros actores, como los ciberdelincuentes, profesionalizar sus ataques, aumentando en gran medida la sofisticación y el volumen de ciberamenazas sufridas por las compañías.
Así lo señalan los últimos datos de Stoïk, compañía europea de ciberseguridad que protege a las empresas combinando herramientas avanzadas de prevención, un equipo interno de respuesta a incidentes y pólizas de seguro cibernético. En septiembre, la compañía gestionó un 60% más de ciberincidentes que en los meses anteriores al verano. Este crecimiento se debe en gran medida al compromiso de cuentas de correo corporativas, conocido como ataques BEC por sus siglas en inglés (Business Email Compromise), que aumentaron un 119% entre mayo y septiembre.
“La implementación de la IA no ha supuesto el desarrollo de nuevas ciberamenazas, sino que ha conseguido profesionalizar, facilitar y abaratar estos ataques. Eso ha hecho que la frecuencia de siniestros crezca con fuerza entre las empresas europeas mientras que se reducen las barreras técnicas de entrada, consiguiendo que actores maliciosos con menos conocimientos puedan operar a gran escala”, afirma Juan Ignacio Ramallo, Country Manager de Stoïk en España.
A esta subida se suma otra tendencia, haciendo que la frecuencia de siniestros crezca, pasando del 4,34% en 2024 al 10,56 % en 2025. Pese a ello, desde Stoïk apuntan a que la gravedad de los siniestros se mantiene estable, y, aunque las empresas estén sufriendo ataques de forma más frecuente, el daño por incidente se mantiene en niveles muy similares.
Prevención y formación, dos básicos que siguen funcionando en ciberseguridad en la era de la IA
Ante este escenario, las medidas de defensa tradicionales siguen siendo la primera línea de defensa para las compañías. Para protegerse, la prevención técnica siempre será la mejor aliada de las empresas y permitirá cerrar muchas de las puertas de entrada por las que los ataques automatizados se cuelan. Para prevenirlo, los equipos de ciberseguridad pueden aplicar parches rápidamente y usar una autenticación robusta.
Además de esto, la formación periódica a empleados sigue siendo clave para mantener los entornos seguros, ya que ayuda a reconocer posibles intentos de phishing cada vez más pulidos, por lo que cada vez cuesta más identificarlos.
“Estamos viendo cómo la IA está ampliando la escala de la ciberdelincuencia, pero también está siendo una gran aliada de la defensa, permitiendo reducir vulnerabilidades, filtrando alertas e interviniendo antes de que un incidente se agrave. Las organizaciones mejor preparadas serán las que combinen empleados formados para reconocer ataques impulsados por IA, seguridad apoyada en inteligencia artificial y una respuesta experta humana. De esta forma, nos ayuda a separar la señal del ruido, mientras que mantiene la decisión humana, porque detrás de cada incidente hay una empresa concreta que necesita volver a operar”, sentencia Ramallo.
