¿Aprenden los menores a utilizar la inteligencia artificial antes incluso de comprender qué es y cómo se crea la huella digital? ¿Y el resto de la población adulta? ¿Se está perdiendo criterio y pensamiento crítico frente a la IA? Hoy en día la inteligencia artificial redacta informes, correos, resume contratos, toma decisiones empresariales, pero, también, hace los deberes, trabajos y les ayuda en la toma de decisiones a los más jóvenes. Estos, además, comparten sus imágenes en distintas plataformas o su voz en asistentes virtuales. Desde el Grupo Armora, grupo que impulsa, apoya y promueve proyectos de ciberseguridad, defensa y uso dual con empresas adheridas como DLTCode o Correcta, reflexionan en el marco del Día del Aprendizaje Digital sobre si estamos formando de manera adecuada a la población más vulnerable en la protección de su identidad, privacidad y criterio. ¿Basta con aprender el uso de las herramientas o se debe fomentar el pensamiento crítico en el manejo de las mismas?
El sector educativo cada vez más expuesto a los riesgos
Según los últimos datos publicados por el Instituto Nacional de Ciberseguridad (INCIBE), España gestionó más de 122.000 incidentes de ciberseguridad durante el 2025, un 26 % más que el año anterior, lo que evidencia la creciente exposición de los riesgos también en el sector educativo y entre los más jóvenes. Y es que las universidades y colegios se han transformado en repositorios masivos de datos personales y, por tanto, en objetivos atractivos para los ciberdelincuentes.
Es por todo que debemos enseñar a los más jóvenes a protegerse de posibles peligros. “No se trata de generar miedo, todo lo contrario, sino de un pensamiento crítico en sus actividades digitales diarias. La ciberseguridad comienza en los hogares y debe formar parte del día a día de las familias de la misma forma que se les enseña desde pequeños a no cruzar un semáforo en rojo”, afirma Fernando Mairata, presidente del Grupo Armora y escritor del libro “Ciberseguridad en familia”.
Es por ello que recomienda mantener conversaciones abiertas sobre los riesgos de enviar imágenes o audios personales, los datos que se pueden o no compartir y fomentar la verificación y el contraste de la información que reciben.
Primero el pensamiento crítico, después el uso de la IA
Existe un inevitable cambio de rol en los hogares. Cada vez son más los jóvenes que se apoyan en la inteligencia artificial para hacer sus deberes, trabajos y resolver dudas. Y es que el problema no está en la tecnología en cuestión, sino en su uso sin la debida formación. Estos acaban por compartir datos personales, rutinas familiares, imágenes o ubicaciones sin conciencia de lo que eso puede suponer.
Además, en muchos casos, la falta de verificación y contraste o la creencia suprema sobre una tecnología que también se equivoca o que ofrece datos erróneos conlleva a la perdida, poco a poco, del pensamiento crítico y habilidades propias del ser humano para pensar o crear por sí mismo en función de sus conocimientos adquiridos.
Si los más jóvenes ya interactúan con la IA y distintas plataformas, también educativas, conectadas a diario, la formación no puede solo limitarse a las habilidades técnicas. Debe también incorporar criterio propio y reflexivo, análisis, gestión de la identidad digital y conciencia del riesgo.
Aprendizaje digital como medida de protección
Cabe señalar que, en los últimos años, los centros educativos, trabajan con información sensible como expedientes académicos, datos personales, fotografías o credenciales de acceso, a la vez que amplían su superficie tecnológica con plataformas en la nube o herramientas colaborativas. No cabe duda de que el aprendizaje digital ha multiplicado oportunidades, pero, también, sus vulnerabilidades.
Es por todo que la jornada del Día del Aprendizaje Digital, que se celebra el 19 de marzo, invita a una reflexión profunda sobre cómo interactúan los más jóvenes o menores con la inteligencia artificial o cómo gestionan las plataformas que usan en su día a día. Y es que el aprendizaje no está solo en las aulas, comienza en el salón de casa con una conversación abierta. Está claro que la ciberseguridad ya no es opcional, sino parte esencial de la educación de todos.