Menores de edad y concienciación: un eslabón estratégico del ciclo de vida de la ciberseguridad

Posiblemente, nunca los CISO y responsables de la ciberseguridad de las organizaciones en todo el mundo, han estado tan pendientes de la ciberseguridad doméstica de sus empleados como lo han hecho en el  largo año transcurrido desde la irrupción del coronavirus en nuestro planeta.

Artículo de Félix Barrio, gerente de Ciberseguridad para la Sociedad de INCIBE

Así, se pudo comprobar que los cibercriminales por explorar organizaciones que, acuciadas por la pandemia, desplegaron sistemas de soporte al teletrabajo desde el espacio doméstico de sus empleados, trataban de identificar configuraciones débiles o incorrectas que permitiesen articular intrusiones y ataques por esta vía de los hogares.

La concurrencia de espacios domésticos con múltiples usuarios, a menudo menores de edad, que incrementaron su uso de Internet y los dispositivos electrónicos conectados de manera exponencial en este largo año de pandemia, elevó el nivel de exposición al riesgo de verse espiadas, de ser infectados con distintos tipos de software malicioso, para las familias. Y con ello, la posibilidad de que, de modo indirecto, equipos compartidos con los más jóvenes se conviertan en auténticas puertas traseras para lanzar ataques a las organizaciones de todo el mundo.

En paralelo, los casos de ciberacoso a este colectivo se han multiplicado con los ciberataques registrados durante 2020 y comienzos de 2021. Muchas horas de consumo de teleeducación, ocio electrónico, sistemas de chat y mensajería, que son, en ocasiones, vectores para los ciberatacantes, que saben que no siempre se configuran los equipos de cómputo familiares para el uso de sesiones separadas, o que la actualización de antivirus o parcheados no está tan programada como lo están los equipos de las  empresas y organizaciones. 

El estudio sobre percepción de la ciberseguridad y nivel de confianza en España, que semestralmente publica nuestro Observatorio Nacional de las Telecomunicaciones y de la Sociedad de la Información, alerta en su edición de mayo de 2021 de que el 59,2% de un total de 3.700 hogares que se han prestado a participar en dicho estudio, alojan software malicioso, algún tipo de virus, y que un 72% del mismo es considerable de alto riesgo, porque puede invadir la privacidad de las personas, robar datos personales, financieros o espiar su comportamiento, entre otros riesgos. Más aún, el estudio también indica que el 65,6% de los ciudadanos afirman haber sufrido algún intento de fraude a través de Internet.

Si de por sí la preocupación por preservar a nuestros menores del riesgo de verse acosados, de sufrir cualquier tipo de abuso por Internet, de ser víctimas de desaprensivos, ya es de por sí una de las grandes preocupaciones de la sociedad y las administraciones públicas en todo el mundo, ahora debemos ser más conscientes que nunca de que el objetivo común debe ser elevar el nivel de capacidades y conocimientos de cualquier usuario en la Red. Y dado el creciente protagonismo de los menores de edad en Internet y las redes sociales, si conseguimos mejorar su capacidad y experiencia de navegación y uso seguros, contribuiremos a reducir el nivel de riesgo global de que el software malicioso y los ciberatacantes alcancen al resto de nuestra sociedad y economía, más digitales que nunca.

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